JWG: cuando intentamos recordar lo que en nuestra primera infancia nos sucedió, nos exponemos muchas veces a confundir lo que otras personas nos han dicho con lo que debemos realmente a nuestra experiencia y a nuestras observaciones personales. Las viejas cicatrices vuelven a abrirse y brota un lamento que recuerda el curso tortuoso del laberinto humano, en el cual se han extraviado aquellos que un día conocieron la dicha engañadora y hoy han desaparecido para siempre.XX: cuando fallece tu madre perdiste esa mirada que te sostenía y que luego buscaste en tantas miradas femeninas.
JWG: buscaba un tesoro escondido, y en vez de oro, encontré horribles carbones.
XX: tal vez te hayas equivocado en esa búsqueda.
JWG: el destino del ser humano es equivocarse mientras se tengan deseos y aspiraciones.
XX: como que elegiste mal.
JWG: ¿Los hombres no pueden hablar de nada sin decir: es una locura, esto es bueno, aquello es malo?, ¿qué significan esas palabras? Para decirlas ¿has examinado los motivos secretos de esta acción?, ¿puedes distinguir con precisión las causas por qué ha sido hecha y por qué debía hacerse? Si lo supieras, no juzgarías con tanta precipitación.
XX: ¡qué carácter, maestro!, con razón te veían como medio loco.
JWG: si yo no fuese un loco, podría pasar una vida muy agradable y feliz. Si vieras cómo me desgasto en este torrente de distracciones que no proporcionan ni una alegría para el corazón, ni una lágrima para los ojos. ¡Nada, nada! Todo lo miro como si fuesen títeres…
XX: quizás tus emociones te han desbordado, embriagado…
JWG: más de una vez me he visto ebrio, y mis emociones me han arrastrado hasta muy cerca de la locura; sin embargo, no me arrepiento ni de lo uno ni de lo otro, porque he aprendido a saber que se ha desacreditado siempre con el nombre de borracho o de loco, a todo hombre extraordinario que ejecutaba alguna cosa grande, o que parecía imposible.
XX: cuando pensé en este diálogo contigo no creí que me iba a resultar tan difícil.
JWG: a ti se te aplica aquello que le decía Mefistófeles a Fausto: “-¿Para qué hacer causa común conmigo si no podías soportar las consecuencias de nuestra asociación? Quieres volar y aun no te has preparado para el vértigo”.
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